Día 1
Los martes
no asistíamos al trabajo; pues eran los días que se nos asignaba a los Docentes
como Día de Superación a todos aquéllos que nos encontrábamos en la
Licenciatura en Educación en la Especialidad de Geografía; las que eran
aprovechadas para la auto-superación o para la participación en eventos
metodológicos que se programaban por el Departamento Metodológico de la Especialidad
o el Instituto de Perfeccionamiento Educacional Municipal.
Escogí ese día y salí de casa muy temprano, en la
mañana del segundo martes «día
11» del mes de
diciembre de 1979.
Por aquella etapa vivía en Caimito, en un cuarto
local del Edificio Ceiba 2, justo al lado del IPUEC Luis Augusto Turcios Lima,
que se nos había asignado por la Dirección Municipal de Educación; ya que
trabajábamos mi esposo y yo en la IPUEC Ernesto Ché Guevara; un centro interno,
donde impartía clases de Geografía Física en el 10mo Grado, y tenía un niño de
sólo 3 años.
Con los pocos datos que me había aportado mi padre;
pero decidida, salí optimista, eufórica y cargada de energía positiva para
buscar y dar las vueltas necesarias en caminos o sendas, giros y vueltas, que
me acercaran un tanto a la dicha o la suerte de encontrar a mi madre; pues
guardaba la esperanza en la posibilidad de que aún estaría viva, así como de
otras personas que formaran parte de la familia.
Algo me decía, que la búsqueda sería intensa; pero
no importaba, era un reto, una meta, un muro congestionado e impuesto del azar
en mi destino, el que debía saltar, sí o sí! y para lo que venía preparándome
desde hacía muchos años, y era así, estaba decidida!; y hoy todavía me
sorprendo, cuando recuerdo los cánones, discrepancias e irregularidades del
momento y aún me resulta difícil entender, el cómo, de alguna manera fortuita,
mágica, donde mi consciencia me apoya incondicionalmente, pues me incitaba y se
me repetía insistentemente; —¡Güira
de Melena!.
…Ese
pueblo se ubica en otro municipio al sureste de lo que fue la provincia La
Habana campo, pero a menos de 21 km de donde me encontraba viviendo en aquella
época 1979.
Inicié la marcha como errante, ese martes de superación; jajjajaja…, hacia
ese pueblo; y no estoy hablando de cuentos infantiles o fantasmas, ni de
alucinaciones… y ocurrió así, desde la lógica, lo explicable o inexplicable en
las coincidencias o suerte;
¡¿La posible respuesta?!, se los comento al final de éste Capítulo.
Tomé transporte rumbo al sureste, camino a San
Antonio de los Baños y en el hito sur continué en otro transporte, guagua que me trasladaría en 8km más,
directo al destino de mi interés.
Ya en la entrada, me veía y ubicaba en el comienzo
de su calle principal; la calle real, era la primera vez consciente que
visitaba el terruño de Güira de Melena.
A grandes rasgos el pueblo, sus calles, las
construcciones de sus casas, era típico de pueblos cubanos de campos. La
arquitectura de esa época en ese momento, no despertaban en mí, curiosidad
alguna; sin embargo, observaba fijamente a las personas que pasaban por mi
lado, por si encontraba algún indicio que me alertara o quizás, tal vez, cierto
acercamiento desde lo familiar, y creo que justo ahí comenzó la historia de la
búsqueda.
Fue así que decidí dirigirme a la Policía Nacional Revolucionaria
del Municipio, PNR; que se encontraba en el centro del pueblo, con la esperanza
de ver si éstos me podían ayudar u orientar.
Para no redundar, en esa ocasión, no encontré a
nadie que mostrara interés en mi caso; tal vez lo considerarían, una historia
inmadura o de cuentos ficticios, aunque desde mi parecer, siendo muy joven,
pero profesional.
Reconozco que el tratamiento que recibí por parte
del Organismo Policial, fue de mucho respeto, pero, me expresaron que mi caso,
no constituía un delito y sí, un asunto personal de veinte años atrás, donde no
resultaba factible la búsqueda en ese momento, dado el tiempo transcurrido.
Debo agregar que en verdad las propuestas de
solución que me daban o sugerían, no eran las más favorables; pues se manejaba
la idea de obligar a mi padre a confesar ante un Tribunal. ¡No estuve de
acuerdo!. Consideraba que no había razón para hacer sufrir a mi padre y mucho
menos llevar la situación de esa forma áspera, a un extra-límite!, pues mi
padre me había salvado, con cuidados, razonamientos, entendimientos y nunca me
había maltratado, ni violado mis derechos como hija, niña y ser humano; a pesar
de que su cariño egoísta, lo llevaron a generar y contarme historias inventadas,
que lejos de aplacar mi curiosidad ingenua por lo joven, me provocaban hambre
de saber cada día más; lo que a los tiempos y jornadas directas de acción,
disfruté mucho más el camino que el resultado y por ello, me encuentro hoy,
escribiendo con pasión.
De lo que estoy convencida, es que no me perdonaría
un desentendimiento de esa mala forma hacia mi padre, que llevaría intrínseco castigos
por absurdos o comportamientos no pensados, donde queda claro y la experiencia
me lo otorga, que las decisiones que se toman por impulsos, llevan en sí para
todos, la carga del error, el sufrimiento y la injusticia.
Comprendí ante la negativa, que debía encontrar la
verdad sola; por supuesto, una nueva verdad; pues en los textos contados por mi
padre, había un mínimo de veracidad, que con criterio metodológico lo
cuantificaría en menos de un 5% en detalles de veracidad, el resto, totalmente
cambiado desde su parecer. Nadie mejor que yo sabía o sentía, la necesidad
imperante e imprescindible de tener un acercamiento a la media o completa
verdad, sólo así terminaría el conflicto entre cuánto de verdad?, cuánto de
incierto?, cuánto de tergiversado?.
Pienso desde lo personal y profesional, conocer mis
orígenes lo consideraba un derecho humano, de todo lo que sí o no había
ocurrido y de lo que se movía respecto a mi familia biológica y que era
totalmente desconocido para mí, las que me llevaban a generar múltiples
interrogantes con historias o guiones recreados en temas no precisamente
apacibles.
Caminé durante varias horas de la mañana por
diferentes calles del centro y barrios periféricos de Güira de Melena,
insistía, una y otra vez, con la misma pregunta preferentemente a las personas
de avanzada edad, muy segura, seria y certera, mirándole a los ojos; jajajaja,
aplicaba lo aprendido.
—¿Usted
conoce de alguna familia que regaló una niña y un niño, hace veinte años atrás?
Me es imposible olvidar la mirada de golpe e impacto
casi generalizado de cada una de aquellas personas a las que les pregunté. Yo
generaba la pregunta; pero asistía además del asombro a múltiples respuestas de
varias personas, en ocasiones hasta varias a la vez, donde su intento del
recuerdo eran acompañados de anécdotas con diálogos de intercambios de
supuestas familias que habían abandonado, regalado o vendido alguno de sus
hijos.
Me impactaban las historias, la existencia de
deferentes testimonios, unos más, otros, menos complicados; todos contados por
oralidad, pero vinculados al hecho que me ocupaba; los que en el momento, iba
descontando según las fechas de nacimiento, pues no coincidían con mi edad y la
fecha del supuesto paso a la nueva familia.
Entre ellos, me resultó muy interesante cuando me
encontraba en el barrio La Vigía; donde una de las personas entrevistadas, me
confunde con una parienta, la que también había sido víctima de abandono de sus
padres y me dice muy animada:
—¿Tú eres la hermana de
Rolandito?
A la que le respondí muy calmada;
—Bueno, yo no sé si soy
la hermana de Rolandito; lo cierto es que estoy buscando una familia que regaló
a dos niños hace veinte años.
No recuerdo en términos de cantidad de casas, en
calles, avenidas, zonas y barrios; las innumerables personas de edad de mediano
o cercanos al adulto mayor, los que se encontraban en su mayoría sentados en
los portales; algunos solos, otros acompañados por amigos o supuestos
familiares, a los y las que le hice la misma pregunta:
—¿Usted conoce de alguna
familia que regaló una niña y un niño, hace veinte años atrás?. Las
respuestas!!, ¡diferentes!, variadas historias que no coincidían, pero el
resultado el mismo!, no había avance en mi investigación, pero sí me daba
cuenta por los testimonios que afloraban, que el tema de los niños y niñas
regalados, abandonados, vendidos; respondían justo a familias pobres de antes
de 1959, pues éstos, en su gran mayoría, se encontraban en términos de edad
entre 22 y 25 años, los que para esa fecha habían nacidos en una época anterior
al triunfo de la Revolución.
Debo agregar que después de todo, me resultaba
fascinante y apasionante a la vez, pues los nombres de las personas, los
hechos, los parientes, los indicios; se me mostraban como los personajes de una
obra de teatro o un guión para film, que solamente después de ir avanzando en
testimonios que aportaban, me sonreía, jajajaajja… gratificada por el trabajo
pre-social que atisbaba, por interés muy personal y familiar, pero que a su
vez, tema impactante de múltiples historias de conflictos en disímiles familias
de aquel terruño.
Pasadas las 5:30pm, como no percibía avances y se me
hacía tarde para la vuelta con cambio de transporte en otro pueblo, decidí
regresar a casa, después de una intensa jornada de marcha, encuestas y
entrevistas, no precisamente planificadas, pero reconozco que me encontraba
cansada, no vencida, y por supuesto con la voluntad de continuar en otro día,
la búsqueda! que se convertiría en investigación personal y social, para bien y
por el tiempo que fuera necesario!.
Respuesta a la pregunta en los inicios de este
Capítulo;
—¿Por qué para la
búsqueda de mi madre; fui directo a Güira de Melena y no a otros pueblos?
Evidentemente para algo nos sirven los estudios a
través de la vida y la experiencia. Aprendí que el conocimiento no ocupa
espacio, y lo más importante es aplicar en el momento justo lo que se aprende.
Las causas pueden ser múltiples, no soy médico, ni
neuróloga; pero si profesional, investigadora y me fascina la sociedad. Fui
formada en estudios de Psicología y Pedagogía, por excelentes profesionales que
nos incentivaban la investigación psicosocial, y que al paso del tiempo, me
sirvieron cuando lo necesité y apliqué. Digamos que también, por atrevida; me
doy posibles o múltiples respuestas a tipos de problemas, acopiando
interrogantes, entrelazando o acusando los referentes para un acierto lo menos
desacertado posible.
El cerebro humano es la materia más organizada de
nuestro cuerpo u organismo, se dice que sólo utilizamos un 10%; ¿Se imaginan si
utilizáramos un 50%?.
También, he podido comprobar que generalmente los
adultos subestiman a los niños y al hablar o discrepar, no advierten su
presencia. De hecho se ha comprobado que el feto reconoce la voz de su madre en
el vientre; por lo que no sabemos ni nosotros mismos, todo lo que sí o no queda
guardado en aparente memoria olvidada.
Las primeras fotos de mi existencia en mi nueva
casa, muestran mi corta edad, lo que indica que viví muy poco tiempo con mi
familia biológica, sólo un año y medio, entonces, imagino que en algún momento,
debí haber escuchado, de disímiles formas y tonos el nombre del pueblo donde
radicaba; sí, ese mismo, Güira de Melena.
En síntesis, lo que quiero expresar, es que tenía muy bien archivado en mi
cerebro y memoria olvidada, su nombre; con detalles visuales y fonéticos que
afloran justo en el momento inesperado, digamos oportuno o inoportuno; en este
caso para bien, pues di en la diana!, jajajajaj…a través de mi recuerdo!, donde
nos preguntamos, porque se nos presenta y no entendemos!, pero afloran en fonética por la vía de los
sueños.
En mi caso, recuerdo que sólo fue el nombre, que se
me repetía; Güira de Melena; me resultaba familiar, y no era ni una película,
ni aventura, pues existía; pero para mí, muy curioso a la vez, pues nunca
estuve o visité ese pueblo en compañía de mis padres de crianza, ni de familias
de amigos.
Entonces; ¡¡Bravo a mi cerebro!!... le doy las
gracias, una y otra vez, mientras respire; por haberme ayudado e intuido para
acertar y no discernir en lo que pudo agravarse por cúmulo de errores y tiempos
desestimados, que me hubieran podido llevar a desertar, ¡no lo creo!..jajjajaja..., por si la búsqueda se volvía tediosa o
absurda!. Insisto, ¡Gracias cerebro!, por ayudarme a elegir y decidir los pasos
inequívocos en la entrada de las sendas que dieron respuesta a historias de mi
vida, algunas reales, otras mal contadas o tergiversadas; que generaron
inconformidades para muchos e injusticias para mí en la adolescencia y primeros
años de mi juventud, y que no por gusto hoy escribo
para contarla!; como el maestro y amigo Gabriel García Márquez, y a su vez,
dejar constancia con participación directa y no precisamente por oralidad no participativa. jajjajaja.
Me
salió la profesora de Metodología de la Investigación.
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