sábado, 26 de octubre de 2019

TAN CERCA Y TAN LEJOS


Día 1
Los martes no asistíamos al trabajo; pues eran los días que se nos asignaba a los Docentes como Día de Superación a todos aquéllos que nos encontrábamos en la Licenciatura en Educación en la Especialidad de Geografía; las que eran aprovechadas para la auto-superación o para la participación en eventos metodológicos que se programaban por el Departamento Metodológico de la Especialidad o el Instituto de Perfeccionamiento Educacional Municipal.

Escogí ese día y salí de casa muy temprano, en la mañana del segundo martes «día 11» del mes de diciembre de 1979.
Por aquella etapa vivía en Caimito, en un cuarto local del Edificio Ceiba 2, justo al lado del IPUEC Luis Augusto Turcios Lima, que se nos había asignado por la Dirección Municipal de Educación; ya que trabajábamos mi esposo y yo en la IPUEC Ernesto Ché Guevara; un centro interno, donde impartía clases de Geografía Física en el 10mo Grado, y tenía un niño de sólo 3 años.

Con los pocos datos que me había aportado mi padre; pero decidida, salí optimista, eufórica y cargada de energía positiva para buscar y dar las vueltas necesarias en caminos o sendas, giros y vueltas, que me acercaran un tanto a la dicha o la suerte de encontrar a mi madre; pues guardaba la esperanza en la posibilidad de que aún estaría viva, así como de otras personas que formaran parte de la familia.

Algo me decía, que la búsqueda sería intensa; pero no importaba, era un reto, una meta, un muro congestionado e impuesto del azar en mi destino, el que debía saltar, sí o sí! y para lo que venía preparándome desde hacía muchos años, y era así, estaba decidida!; y hoy todavía me sorprendo, cuando recuerdo los cánones, discrepancias e irregularidades del momento y aún me resulta difícil entender, el cómo, de alguna manera fortuita, mágica, donde mi consciencia me apoya incondicionalmente, pues me incitaba y se me repetía insistentemente; —¡Güira de Melena!.
…Ese pueblo se ubica en otro municipio al sureste de lo que fue la provincia La Habana campo, pero a menos de 21 km de donde me encontraba viviendo en aquella época 1979.

Inicié la marcha como errante, ese martes de superación; jajjajaja…, hacia ese pueblo; y no estoy hablando de cuentos infantiles o fantasmas, ni de alucinaciones… y ocurrió así, desde la lógica, lo explicable o inexplicable en las coincidencias o suerte;
¡¿La posible respuesta?!, se los comento al final de éste Capítulo.
Tomé transporte rumbo al sureste, camino a San Antonio de los Baños y en el hito sur continué en otro transporte, guagua que me trasladaría en 8km más, directo al destino de mi interés.

Ya en la entrada, me veía y ubicaba en el comienzo de su calle principal; la calle real, era la primera vez consciente que visitaba el terruño de Güira de Melena.

A grandes rasgos el pueblo, sus calles, las construcciones de sus casas, era típico de pueblos cubanos de campos. La arquitectura de esa época en ese momento, no despertaban en mí, curiosidad alguna; sin embargo, observaba fijamente a las personas que pasaban por mi lado, por si encontraba algún indicio que me alertara o quizás, tal vez, cierto acercamiento desde lo familiar, y creo que justo ahí comenzó la historia de la búsqueda.

Fue así que decidí dirigirme a la Policía Nacional Revolucionaria del Municipio, PNR; que se encontraba en el centro del pueblo, con la esperanza de ver si éstos me podían ayudar u orientar.
Para no redundar, en esa ocasión, no encontré a nadie que mostrara interés en mi caso; tal vez lo considerarían, una historia inmadura o de cuentos ficticios, aunque desde mi parecer, siendo muy joven, pero profesional.

Reconozco que el tratamiento que recibí por parte del Organismo Policial, fue de mucho respeto, pero, me expresaron que mi caso, no constituía un delito y sí, un asunto personal de veinte años atrás, donde no resultaba factible la búsqueda en ese momento, dado el tiempo transcurrido.

Debo agregar que en verdad las propuestas de solución que me daban o sugerían, no eran las más favorables; pues se manejaba la idea de obligar a mi padre a confesar ante un Tribunal. ¡No estuve de acuerdo!. Consideraba que no había razón para hacer sufrir a mi padre y mucho menos llevar la situación de esa forma áspera, a un extra-límite!, pues mi padre me había salvado, con cuidados, razonamientos, entendimientos y nunca me había maltratado, ni violado mis derechos como hija, niña y ser humano; a pesar de que su cariño egoísta, lo llevaron a generar y contarme historias inventadas, que lejos de aplacar mi curiosidad ingenua por lo joven, me provocaban hambre de saber cada día más; lo que a los tiempos y jornadas directas de acción, disfruté mucho más el camino que el resultado y por ello, me encuentro hoy, escribiendo con pasión.

De lo que estoy convencida, es que no me perdonaría un desentendimiento de esa mala forma hacia mi padre, que llevaría intrínseco castigos por absurdos o comportamientos no pensados, donde queda claro y la experiencia me lo otorga, que las decisiones que se toman por impulsos, llevan en sí para todos, la carga del error, el sufrimiento y la injusticia.

Comprendí ante la negativa, que debía encontrar la verdad sola; por supuesto, una nueva verdad; pues en los textos contados por mi padre, había un mínimo de veracidad, que con criterio metodológico lo cuantificaría en menos de un 5% en detalles de veracidad, el resto, totalmente cambiado desde su parecer. Nadie mejor que yo sabía o sentía, la necesidad imperante e imprescindible de tener un acercamiento a la media o completa verdad, sólo así terminaría el conflicto entre cuánto de verdad?, cuánto de incierto?, cuánto de tergiversado?.

Pienso desde lo personal y profesional, conocer mis orígenes lo consideraba un derecho humano, de todo lo que sí o no había ocurrido y de lo que se movía respecto a mi familia biológica y que era totalmente desconocido para mí, las que me llevaban a generar múltiples interrogantes con historias o guiones recreados en temas no precisamente apacibles.

Caminé durante varias horas de la mañana por diferentes calles del centro y barrios periféricos de Güira de Melena, insistía, una y otra vez, con la misma pregunta preferentemente a las personas de avanzada edad, muy segura, seria y certera, mirándole a los ojos; jajajaja, aplicaba lo aprendido.

—¿Usted conoce de alguna familia que regaló una niña y un niño, hace veinte años atrás?

Me es imposible olvidar la mirada de golpe e impacto casi generalizado de cada una de aquellas personas a las que les pregunté. Yo generaba la pregunta; pero asistía además del asombro a múltiples respuestas de varias personas, en ocasiones hasta varias a la vez, donde su intento del recuerdo eran acompañados de anécdotas con diálogos de intercambios de supuestas familias que habían abandonado, regalado o vendido alguno de sus hijos.

Me impactaban las historias, la existencia de deferentes testimonios, unos más, otros, menos complicados; todos contados por oralidad, pero vinculados al hecho que me ocupaba; los que en el momento, iba descontando según las fechas de nacimiento, pues no coincidían con mi edad y la fecha del supuesto paso a la nueva familia.

Entre ellos, me resultó muy interesante cuando me encontraba en el barrio La Vigía; donde una de las personas entrevistadas, me confunde con una parienta, la que también había sido víctima de abandono de sus padres y me dice muy animada:
—¿Tú eres la hermana de Rolandito?
A la que le respondí muy calmada;
—Bueno, yo no sé si soy la hermana de Rolandito; lo cierto es que estoy buscando una familia que regaló a dos niños hace veinte años.

No recuerdo en términos de cantidad de casas, en calles, avenidas, zonas y barrios; las innumerables personas de edad de mediano o cercanos al adulto mayor, los que se encontraban en su mayoría sentados en los portales; algunos solos, otros acompañados por amigos o supuestos familiares, a los y las que le hice la misma pregunta:
—¿Usted conoce de alguna familia que regaló una niña y un niño, hace veinte años atrás?. Las respuestas!!, ¡diferentes!, variadas historias que no coincidían, pero el resultado el mismo!, no había avance en mi investigación, pero sí me daba cuenta por los testimonios que afloraban, que el tema de los niños y niñas regalados, abandonados, vendidos; respondían justo a familias pobres de antes de 1959, pues éstos, en su gran mayoría, se encontraban en términos de edad entre 22 y 25 años, los que para esa fecha habían nacidos en una época anterior al triunfo de la Revolución.

Debo agregar que después de todo, me resultaba fascinante y apasionante a la vez, pues los nombres de las personas, los hechos, los parientes, los indicios; se me mostraban como los personajes de una obra de teatro o un guión para film, que solamente después de ir avanzando en testimonios que aportaban, me sonreía, jajajaajja… gratificada por el trabajo pre-social que atisbaba, por interés muy personal y familiar, pero que a su vez, tema impactante de múltiples historias de conflictos en disímiles familias de aquel terruño.

Pasadas las 5:30pm, como no percibía avances y se me hacía tarde para la vuelta con cambio de transporte en otro pueblo, decidí regresar a casa, después de una intensa jornada de marcha, encuestas y entrevistas, no precisamente planificadas, pero reconozco que me encontraba cansada, no vencida, y por supuesto con la voluntad de continuar en otro día, la búsqueda! que se convertiría en investigación personal y social, para bien y por el tiempo que fuera necesario!.

Respuesta a la pregunta en los inicios de este Capítulo;

—¿Por qué para la búsqueda de mi madre; fui directo a Güira de Melena y no a otros pueblos?
Evidentemente para algo nos sirven los estudios a través de la vida y la experiencia. Aprendí que el conocimiento no ocupa espacio, y lo más importante es aplicar en el momento justo lo que se aprende.
Las causas pueden ser múltiples, no soy médico, ni neuróloga; pero si profesional, investigadora y me fascina la sociedad. Fui formada en estudios de Psicología y Pedagogía, por excelentes profesionales que nos incentivaban la investigación psicosocial, y que al paso del tiempo, me sirvieron cuando lo necesité y apliqué. Digamos que también, por atrevida; me doy posibles o múltiples respuestas a tipos de problemas, acopiando interrogantes, entrelazando o acusando los referentes para un acierto lo menos desacertado posible.

El cerebro humano es la materia más organizada de nuestro cuerpo u organismo, se dice que sólo utilizamos un 10%; ¿Se imaginan si utilizáramos un 50%?.

También, he podido comprobar que generalmente los adultos subestiman a los niños y al hablar o discrepar, no advierten su presencia. De hecho se ha comprobado que el feto reconoce la voz de su madre en el vientre; por lo que no sabemos ni nosotros mismos, todo lo que sí o no queda guardado en aparente memoria olvidada.

Las primeras fotos de mi existencia en mi nueva casa, muestran mi corta edad, lo que indica que viví muy poco tiempo con mi familia biológica, sólo un año y medio, entonces, imagino que en algún momento, debí haber escuchado, de disímiles formas y tonos el nombre del pueblo donde radicaba; sí, ese mismo, Güira de Melena. En síntesis, lo que quiero expresar, es que tenía muy bien archivado en mi cerebro y memoria olvidada, su nombre; con detalles visuales y fonéticos que afloran justo en el momento inesperado, digamos oportuno o inoportuno; en este caso para bien, pues di en la diana!, jajajajaj…a través de mi recuerdo!, donde nos preguntamos, porque se nos presenta y no entendemos!,  pero afloran en fonética por la vía de los sueños.

En mi caso, recuerdo que sólo fue el nombre, que se me repetía; Güira de Melena; me resultaba familiar, y no era ni una película, ni aventura, pues existía; pero para mí, muy curioso a la vez, pues nunca estuve o visité ese pueblo en compañía de mis padres de crianza, ni de familias de amigos.

Entonces; ¡¡Bravo a mi cerebro!!... le doy las gracias, una y otra vez, mientras respire; por haberme ayudado e intuido para acertar y no discernir en lo que pudo agravarse por cúmulo de errores y tiempos desestimados, que me hubieran podido llevar a desertar, ¡no lo creo!..jajjajaja..., por si la búsqueda se volvía tediosa o absurda!. Insisto, ¡Gracias cerebro!, por ayudarme a elegir y decidir los pasos inequívocos en la entrada de las sendas que dieron respuesta a historias de mi vida, algunas reales, otras mal contadas o tergiversadas; que generaron inconformidades para muchos e injusticias para mí en la adolescencia y primeros años de mi juventud, y que no por gusto hoy escribo para contarla!; como el maestro y amigo Gabriel García Márquez, y a su vez, dejar constancia con participación directa y no precisamente por oralidad no participativa. jajjajaja. Me salió la profesora de Metodología de la Investigación.

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