ü Mirta
Fernández Pérez.- Fue el nombre elegido por parte
de mis padres biológicos y que se me adjudicó en mi nacimiento el 5 de
septiembre de 1958. No se efectuó inscripción de nacimiento legal. Desconozco
las razones de la elección, pero le atribuyo a ellos, una total
irresponsabilidad el no legalizar mi nacimiento en su momento.
ü Milagros
Fernández Pérez.- El nuevo nombre que por
sugerencias de la enfermera del hospital, donde estuve ingresada varios días,
por delicado estado de salud; con gastroenteritis, tifus negro y sarampión a la
vez. Al sobrevivir a la gravedad, le fue propuesto a mi padre biológico el
cambio de mi nombre, ya que de milagro, me encontraba viva.
ü Mariví
Fernández Pérez.- Nombre que se me adjudicó en la
primera inscripción de nacimiento legal, asentada el 29 de mayo de 1961, por
parte de mis padres biológicos. Tomo 85 Folio 45; del Registro Civil de Güira
de Melena. Esta inscripción que salió a la luz o se me mostró justo 19 años
después; en mayo de 1980; con la presencia de mi padre Edgardo Rodríguez; posee
errores de fecha y del sugerido nombre implícito; ya que el sobrenombre de Mariví
proviene de la unión de un nombre compuesto, María Virginia, el que fue elegido
por parte de mis padres de crianza; por tanto, nos indica que la inscripción en
esa fecha, se realizó como reacción a una acción de inconformidad, más
ignorancia atribuida, ante el conocimiento de mi supuesta desaparición por una salida
del país, la que fue prescripta a la familia biológica mediante envío postal en
el mismo año.




ü María Virginia Rodríguez Triana.- Es mi nombre legal. La inscripción se realizó en el Registro Civil de Ciudad de la Habana en 1967; Tomo 363 Folio 165. Según me contaron por oralidad, ya adulta; que para mi inscripción, fue aprovechada una notificación emitida en la Gaceta Oficial de la República de Cuba y que se hizo pública, donde se daba la opción a inscribir a todas aquellas personas que no habían sido legalizadas hasta la fecha, después del triunfo de la Revolución. Mis padres de crianza, aprovecharon esa opción y fue así que bajo la indicación de un reconocido abogado, que estaba muy vinculado al entonces Presidente de la República Osvaldo Dorticós y dos testigos, se dio paso a viabilizar de forma legal mi inscripción de nacimiento, en 1967; justo cuando ya tenía 9 años. Eso indica, que hasta la fecha, yo era un fantasma, una niña robada o una desaparecida. Recuerdo que a veces, no asistía a la escuela, y no estaba enferma, no entendía el por qué, pero sí habían razones muy serias. Por no tener inscripción de nacimiento legal, no estaba incluida en la matrícula oficial de la Escuela, ni del Grupo; por ello, cuando se conocía de la posible visita de inspección al Centro; yo no podía asistir al aula, era ilegal y por supuesto, si era detectado por la visita, ponía en riesgo la legalidad de mis padres y también el peligro de ir a parar a una casa de niños abandonados. A pesar del acto ilegal en que se encontraban, supuestamente no consecuente, la Directora de la Escuela, María Teresa Pago, fue un elemento rector determinante para el cuidado y conservación del secreto que me acompañaba, respecto a la no existencia de mi inscripción de nacimiento; sin dudas, me, nos ayudó; permitiendo la posibilidad de asistir a la escuela siempre, por y para cumplir las normas establecidas y derechos de todo niño para su aprendizaje, hasta que en el cuarto grado se legalizó mi existencia. Esta inscripción también posee errores, donde dice que mi lugar de nacimiento es Cárdenas, Matanzas. En verdad, nací en San Antonio de los Baños, justo en el terruño donde hoy radico. Por razones personales con 38 años, ya fallecidos mis padres, regresé al mismo por permuta, sin ni siquiera imaginar que en el hospital de este mismo pueblo, fue donde por primera vez abrí los ojos y se escuchó mi primer llanto.
ü Mariví
Rodríguez Triana.- Más que mi nombre, es mi identidad
psicosocial y la real aceptación con mi yo. Es mi conformidad itinerante, donde
se juntan recuerdos e historias; ambas incluidas. Es mi real verdad. El nombre de
María Virginia, me resulta muy largo, debe ser por su fonética extendida, que
no me resultan reconocibles o cercano al supuesto nombre que debo haber
escuchado durante mi primer año de vida. Todos me conocen como Mariví; muy
pocos como María Virginia. En un tiempo pensé cambiarlo, pero conllevaba a
engorrosos cambios en los títulos, publicaciones e inscripciones de nacimientos
de mis hijos. Para llegar a mí por vía postal, sólo es necesario indicar en el
envío, ese nombre, Mariví de San Antonio de los Baños, Cuba. El correo postal
me reconoce, no advierte en posibilidad para equívocos.

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