Al fin!, APARECIDA; con diez años de desconciertos,
inventos y mentiras, los que por justicia a los tiempos, se derrumbaron en
menos de 2 horas, gracias a la ayuda de varias personas del propio terruño,
donde asomé mis primeros pasos y en sueños, los avatares de mi existencia, como
ventura o desventuras.
En este Capítulo, no espero extenderme mucho,
intentaré ser concisa, pues me detendré sólo a tres sucesos significativos, que
dado mi estilo elegido para escribir y contarles, se centran en la entrada o
apariciones de diferentes personas, que por supuesto forman parte de la
Dirección de Arte y primeros protagónicos de este film congestionado de mi vida; como les alisté en el primero de los
capítulos…entonces, seguimos adelante!; ahora ya como APARECIDA!.. jajajaja, ¡Siempre con la magia del cine por
dentro!.
1.- El IPUEC Ernesto Ché Guevara de Caimito, era mi
Centro de trabajo por esa fecha, y me encontraba en el primer año de la
Licenciatura en la Especialidad. Allí impartía clases de Geografía Física para
5 grupos de 10°.
Encontrándome en el último turno de la mañana,
pasaban las 11:30am del viernes 14 de diciembre de 1979, cuando de momento se
presenta aparecida en la puerta del aula, una señora de edad madura, la que me
miraba fijamente. Talmente parecía que las miradas fijas me perseguían o era yo
por curiosidad, las que las buscaba. En principios pensé que era la madre de
algún alumno o alumna que venía por motivos de interés docente particular. Le
hice seña con mis manos, que esperara unos minutos, pues faltaban pocos para la
terminación de la clase. Permaneció callada y muy atenta a los textos de
orientación que remitía a mis alumnos.
El toque del timbre anunciaba la terminación del
tiempo de la clase, provee las últimas indicaciones a éstos, les di salida y de
inmediato me acerqué a la señora que aguardaba en la puerta del aula.
—¿En qué puedo ayudarla?,
Ud., es la madre de alguno de mis alumnos?
De inmediato, me responde:
—No,…
yo soy tu verdadera madre!
En
su persona Lázara León era la susodicha aparecida en la puerta de mi aula; la
señora que crió a mi hermano Jorge Luis; el
otro que supuestamente había sido adoptado, que diga; comprado!.
Quedé callada ante su respuesta!, no me atrapó!, y
me parece que de cierta forma sonreí; había aprendido a escuchar historias, disímiles!,
las que diferían en veracidad por creaciones o mentiras repetidas, según como
les acomodara, insisto!, su texto, no me sorprendió!, tenía la experiencia de
las entrevistas con varias personas en los dos días de mi recorrido por el
terruño, que me avizoraban en la curiosidad tentativa del “ser o no ser”, la hija
o hermana de alguien!. La corroboración
de lo contado o escuchado es una de las particularidades necesarias que siguen
a la oralidad.
Como era mi último turno de clases, nos asistió la
curiosidad para continuar el encuentro y así comentar, preguntar e intercambiar
temas, que nos interesaba a ambas. Me llamaba la atención la rapidez con que se
había movido y presentado ante mí, pues no llegaban a las 24 horas de la
comunicación o noticia pública de mi aparición en un marco estrecho. Eso nos
indica que por alguna vía le habían sido aportados mis datos, pues sino,
imposible su acceso directo a mi persona y en mi trabajo.
Vale el reconocimiento a Lázara León, su interés por
conocerme; pero la rapidez con que actuó para llegar a mí, llevaba implícito o
pareciera que se encontraba en una supuesta carrera competitiva, digamos que
para evitar un presunto riesgo de que otros,
no se le adelantaran al armado de su historia, pues no le convenía que se me
mostraran argumentos diferentes a los de ella. Era evidente que buscaba la
primicia; sus razones tendría!.
Me comentó, que yo había vivido en su casa, que me
había comprado por 40 pesos y que había estado muy enferma, que ella era la
madre de Jorge Luis, el hermano menor que
me sigue y que estaba en la mejor disposición para nuestro encuentro.
Todo parece indicar que mi deteriorado estado de
salud en esa época, la hizo reevaluar su decisión en la posibilidad para mi
crianza junto a mi hermano; a pesar de que según ella, me había comprado.
Desconozco si llegó a recuperar su dinero; pero todos los referentes me indican
que fue precisamente Lázara, la que me entregó a mis padres de crianza final;
ya que su esposo Heberto Miranda, era el hermano del mecánico del auto de mi
padre. Entonces, fue precisamente a través de esta vía que le llegó a mis
padres la noticia de la existencia de una niña para una posible crianza en adopción.
Lázara había llegado a mi trabajo en un carro
particular y alquilado, lo que a las pocas horas de nuestro encuentro decidí en
plena conformidad, irme con mi pequeño hijo de 3 años a Güira de Melena, para
conocer a mi hermano Jorge Luis.
Al llegar y tenerlo frente a mí, me impactó el
parecido que teníamos; Sí, imagino que el
mismo parecido que le había impactado a Abundio; nos abrazamos y también
pude conocer a sus dos hijos y pareja por esos tiempos.
Fue bueno nuestro encuentro, no digo reencuentro,
pues desde mi consciente no nos conocíamos y también allí, coincidí con el
hermano mayor, Germán; Jorge Luis
Fernández Pérez; el que al verme, su inseguridad lo acusaba con el texto:
—Tú no eres mi hermana!
No le di importancia a su mínimo pasaje; el que a
los pocos minutos cambió de táctica y estrategia, como dice el poema de Mario
Benedetti. Vale reconocer que su
inseguridad en mi no aceptación y reconocimiento al verme, estaban dados,
porque mi hermano German por ser el mayor, fue y es precisamente la persona más
sufrida y afectada desde lo espiritual y participativo vivido; ya que había
sido y es el testigo directo de todas las horrendas y complicadas historias de
idas y vueltas de su familia y de los otros, que se integraron al show
disfuncional. Germán no podía entender, ni era, ni es culpable de las
decisiones de sus padres.
Al otro día, regresé a mi casa y la vida continuó en
su bregar rutinario; el de la familia, el estudio y el trabajo; siempre
esperando que llegara el momento oportuno para conocer a mis padres biológicos,
lo que sólo fue posible cuatro meses después, en el consenso directo con mi
hermano Jorge Luis, para que me
acercara a la casa de éstos; a un pueblito periférico muy cercano a Güira de
Melena, llamado El Gabriel.
2.- En la tarde del 21 de abril de 1980, me
desmontaba de la moto de mi hermano Jorge
Luis, a unos 15 metros de la casa de los que se aseguraba, eran mis padres
biológicos. Me llegué hasta la puerta de la misma, la que se encontraba abierta
y en esta ocasión, era yo, la APARECIDA.
Parada en su puerta durante unos segundos, se me
acerca con mera curiosidad una señora bajita, acompañada de su sonrisa, y sí,
era Angelina, mi madre biológica; a
la que con tono seco, le reclamé de forma rápida y repetida.
—Por
qué me regalaste?!!, Por qué me regalaste?!!!, Por qué me regalaste?!!!!...
A mi pregunta repetida, respondió siempre en
negativo, al que le agregó, que ellos se encontraban hospitalizados. En el tono
de su voz se le notaba nerviosa, algo temblorosa, pero se le sobresalía lo de
contenta por la sonrisa entrecortada que le asistía por mi presencia.
«Tal vez heredé de ella la sonrisa!, justo la que me
salvó muchas veces, al reírme de mi misma, y que a su vez, forma parte del
título de este compendio de reclamos y denuncias».
Tomándome de la mano me invita a pasar a la sala y
me siento en uno de las butacas de la misma. Ya con más calma, aprovecho la
oportunidad en que nos encontrábamos solas para preguntarle cuál era mi nombre
durante el tiempo que conviví con ellos; me dice: - Mirta, te llamabas Mirta- y continua…—Pero
después te llamamos Milagros, porque
cuando Bebo (mi padre biológico) te
fue a buscar al hospital donde estuviste ingresada muy grave y te entregan
envuelta sólo en un paño. La enfermera le preguntó si ya estabas inscripta, a
lo que éste le responde que aún No y entonces ésta, se toma la iniciativa y le
recomienda; - pues cámbiaselo por Milagros,
porque de milagro se salvó!.
A los pocos minutos entra un señor delgado
acompañado de una bicicleta; éste no advierte mi presencia y de inmediato
Angelina le dice señalando para mí:
—Bebo, no te has dado
cuenta, quien está sentada en la sala?;…¡tu hija!.
Se acercó a mí y me saludó; del resto, no recuerdo
nada más; lo que indica que no ocurrió nada meritorio para recordar o
simplemente no me resultaba importante, pues no iba en busca del padre, sino de
la madre; ésa, a la que nunca había conocido y contenida desde los afectos.
Después vinieron otros encuentros que me permitieron
conocer el resto de la familia, mi hermana María
y mis hermanos Ernesto, Alberto y Willian;
todos menores que yo y éste último por esa fecha, contaba con sólo 11 años.
3.- Y llegamos a la última de las historias
elegidas!. Acá se mezclan aparecidos, desaparecidos y secuestro; ¡lo mejor!, la
visita conjunta al pueblo de El Gabriel, para un encuentro oportuno en la casa
de mis padres biológicos; con la
presencia en cuerpo y alma de mi único padre, Edgardo Victorino Rodríguez Hernández.
Nos encontrábamos en la sala los tres, más mi
hermano Ernesto; el que permanecía callado, sólo como observador, pues por ser
mucho menor, no nacido cuando ocurrieron los sucesos, desconocía todo, no había
sido ni partícipe, ni testigo de nada.
Y de pronto, ocurrió así, cómo cuando se da comienzo
a un acto u obra de teatro, donde los espectadores o participantes, hacen un
silencio consternado; de repente me tomé la iniciativa de la palabra y
dirigiéndome a Angelina, mi madre
biológica, le repetí la misma pregunta; pero esta vez, los incluía a los
dos:
—¡¡¿Por
qué me regalaron?!!
Ambos negaron el acto y
de inmediato, repetían que no era cierto y que en esos momentos se encontraban
muy enfermos. Angelina sacaba un papel que testificaba de su parte mi
inscripción de nacimiento, en mayo de 1961.
Serio
problema que me ocasionó 16 años después, para la declaratoria de herederos de
mis padres legales; de la aparecida y supuesta primera inscripción de
nacimiento.
Al ver el certifico; me doy cuenta que había sido
solicitado y expedido 11 días atrás,
después de mi visita o aparición en su casa el 21 de abril. Este
documento legal a las claras, constituía una muestra acusadora por supuestos y
deliberados actos de mi robo por desaparición, siendo niña, lo que implicaban
directamente a mis padres de crianza; pero que dada la extrema ignorancia de
los biológicos en términos legales, los hizo fallar y regresárseles como
búmeran fallido por lo especulativo dada la cuantía de errores en la escritura.
Al plantearle mi reclamo con certeza, dado mi
análisis inmediato del certifico expuesto; el que como adelanté, mostraba
variados errores, ignorados para ellos, como por ejemplo:
—Existía error en el espacio del nombre
de mi padre biológico; donde decía Florencio y es Lorenzo. Eran
evidentes, la ignorancia o perversas intenciones; la que me atrevo a blasfemar,
tal vez, instruidos por otros.
Recuerdo que quedaron perplejos y callados por mi
análisis, donde expresé:
—Fabuloso!,
tremenda noticia! Bravo!!; tengo un año de menos; no nací en el 58, sino en
1959. O sea, mi hermano Jorge Luis y yo
tenemos la misma edad, con sólo 3 meses de diferencia.
—Según
éste certifico me llamo Mariví Fernández Pérez; ¿cómo es posible?, si Mariví es
la unión de María Virginia, que fue elegido por mi padre, por ser precisamente
el nombre de su madrina;… ¡Error, ése no
era mi nombre!, lo agregaron a la inscripción con toda intención para probar,
lo improbable.
—La
inscripción fue hecha el 29 de mayo de 1961, casi un año después del 24 de
julio de 1960, cuando en esa fecha ya me encontraba con la familia de crianza;
pues mis 2 añitos, me lo celebraron en su casa y bajo su cuidado responsable.
—Este
certifico, fue expedido el 2 de mayo de 1980; 11 días después de ser la
aparecida en su casa; lo que sugiere que
la intención era justificar lo incierto.
Mi padre Edgardo
se mantuvo callado durante mi análisis del certifico de inscripción de
nacimiento expedido y presentado por Angelina, y que al terminar mi exposición,
dijo:
—Como ven, esta niña ya es una profesional bien
preparada la que no se le puede hacer ningún tipo de cuentos!
La estadía en la casa, duró poco tiempo, pues
seguido a mi análisis y al conciso texto de mi padre, nos levantamos en total
criterio de retirada.
De inmediato el señor Bebo; mi padre biológico, agrega con tono colérico:
—Que él le hacía llegar
tomates y viandas a mis padres para mi alimentación;
…y de pronto desde donde se encontraba sentado, le da un supuesto ataque con
brincos y temblores repetidos, al que le siguió un salto en la silla donde se
encontraba y después un aparente desmayo. Digo aparente, porque me dirigí a
éste, para reconocer y evaluar desde mi conocimiento en primeros auxilios y criterio
humanista, cuáles serían las posibles causas de los brincos, temblores, salto y
desmayo.
Me acerqué, lo observé detenidamente buscando alguna
distorsión psico-físico o referente visual explicativo; le toqué la cabeza, su
cara y busqué su pulso rítmico; el que reaccionó de inmediato, con repetidos
pestañeos. No había tal desmayo!, una persona que se desmaya no pestañea!, y
sí, propio de una actuación para desprender lástima o para huida consciente del
momento público y serio en que se encontraba.
Algo de miedo encubría; pues faltó agregar de su
parte, el hecho del secuestro que me ocasionó, con sólo 2 años; encerrándome en
una caseta de trenes por más de 12 horas, para que no fuera devuelta a mis
padres de crianza. Pues increíblemente hasta ese momento, y lo considero muy
positivo; mis padres acentuaban por un no distanciamiento completo a mis
hermanos.
Fui encontrada por la policía del territorio en
estado muy delicado, donde en todo ese tiempo de loco encierro, no había
ingerido ningún alimento, sólo caramelos. A través de mi vida en determinados
momentos muy privativos, he sentido o tenido percepciones de síntomas de
claustrofobia; los que al conocer de este suceso se lo adjudico completamente,
después de conocer ese hecho, como causa prominente o punto de partida, para
tal secuela.
En el proceso de investigación y búsqueda, ya
avanzado, pude confirmar con anécdotas que afloraban en conversaciones
diferidas, que este hecho irresponsable, dio pauta definitiva para la
concepción de una carta que fue enviada a la familia biológica «por mi madre de crianza, por concepción directa de
su querida tía Nereida Machín» y
vista por la tía Amelia Fernández; «hermana de mi padre
biológico»
que así nos lo confirmó!; donde en la misma, se comunicaba mi salida definitiva
del país. Una muy buena mentira!, no era cierto!, no había salido del país;
pero acababa de entrar en el grupo contrario de los cada día más encerrada con
camino a un protagónico de supuesta DESAPARECIDA!.
No obstante, satisfecha por la posibilidad y mediano
éxito del encuentro, había logrado tenerlos unos frente al otro!. Es una de las formas de entrevistas con
opciones para corroborar o derrumbar mentiras. Como muy positivo, me dio
acceso a nuevos textos y a mi primer certifico de inscripción de nacimiento
desconocido.
Termino este espectacular Capítulo, con risa
pertinente merecida!!, único, por lo controvertido de los acontecimientos,
dígase, ¡para no creer!; sacando a la palestra lo insospechado. Soy dos
personas a la vez; una de ellas no morirá nunca!, por lo que seré eterna!..jjajajajaajaja.
(1) Bebo (Lorenzo Fernández Triana; mi padre biológico); Diagnóstico
psiquiátrico: Oligofrénico. Deficiencia mental.

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