sábado, 26 de octubre de 2019

APARECIDA


Al fin!, APARECIDA; con diez años de desconciertos, inventos y mentiras, los que por justicia a los tiempos, se derrumbaron en menos de 2 horas, gracias a la ayuda de varias personas del propio terruño, donde asomé mis primeros pasos y en sueños, los avatares de mi existencia, como ventura o desventuras.
En este Capítulo, no espero extenderme mucho, intentaré ser concisa, pues me detendré sólo a tres sucesos significativos, que dado mi estilo elegido para escribir y contarles, se centran en la entrada o apariciones de diferentes personas, que por supuesto forman parte de la Dirección de Arte y primeros protagónicos de este film congestionado de mi vida; como les alisté en el primero de los capítulos…entonces, seguimos adelante!; ahora ya como APARECIDA!.. jajajaja, ¡Siempre con la magia del cine por dentro!.

1.- El IPUEC Ernesto Ché Guevara de Caimito, era mi Centro de trabajo por esa fecha, y me encontraba en el primer año de la Licenciatura en la Especialidad. Allí impartía clases de Geografía Física para 5 grupos de 10°.

Encontrándome en el último turno de la mañana, pasaban las 11:30am del viernes 14 de diciembre de 1979, cuando de momento se presenta aparecida en la puerta del aula, una señora de edad madura, la que me miraba fijamente. Talmente parecía que las miradas fijas me perseguían o era yo por curiosidad, las que las buscaba. En principios pensé que era la madre de algún alumno o alumna que venía por motivos de interés docente particular. Le hice seña con mis manos, que esperara unos minutos, pues faltaban pocos para la terminación de la clase. Permaneció callada y muy atenta a los textos de orientación que remitía a mis alumnos.

El toque del timbre anunciaba la terminación del tiempo de la clase, provee las últimas indicaciones a éstos, les di salida y de inmediato me acerqué a la señora que aguardaba en la puerta del aula.
—¿En qué puedo ayudarla?, Ud., es la madre de alguno de mis alumnos?
De inmediato, me responde:
—No,… yo soy tu verdadera madre!
En su persona Lázara León era la susodicha aparecida en la puerta de mi aula; la señora que crió a mi hermano Jorge Luis; el otro que supuestamente había sido adoptado, que diga; comprado!.

Quedé callada ante su respuesta!, no me atrapó!, y me parece que de cierta forma sonreí; había aprendido a escuchar historias, disímiles!, las que diferían en veracidad por creaciones o mentiras repetidas, según como les acomodara, insisto!, su texto, no me sorprendió!, tenía la experiencia de las entrevistas con varias personas en los dos días de mi recorrido por el terruño, que me avizoraban en la curiosidad tentativa del “ser o no ser”, la hija o hermana de alguien!. La corroboración de lo contado o escuchado es una de las particularidades necesarias que siguen a la oralidad.

Como era mi último turno de clases, nos asistió la curiosidad para continuar el encuentro y así comentar, preguntar e intercambiar temas, que nos interesaba a ambas. Me llamaba la atención la rapidez con que se había movido y presentado ante mí, pues no llegaban a las 24 horas de la comunicación o noticia pública de mi aparición en un marco estrecho. Eso nos indica que por alguna vía le habían sido aportados mis datos, pues sino, imposible su acceso directo a mi persona y en mi trabajo.

Vale el reconocimiento a Lázara León, su interés por conocerme; pero la rapidez con que actuó para llegar a mí, llevaba implícito o pareciera que se encontraba en una supuesta carrera competitiva, digamos que para evitar un presunto riesgo de que otros, no se le adelantaran al armado de su historia, pues no le convenía que se me mostraran argumentos diferentes a los de ella. Era evidente que buscaba la primicia; sus razones tendría!.
Me comentó, que yo había vivido en su casa, que me había comprado por 40 pesos y que había estado muy enferma, que ella era la madre de Jorge Luis, el hermano menor que me sigue y que estaba en la mejor disposición para nuestro encuentro.

Todo parece indicar que mi deteriorado estado de salud en esa época, la hizo reevaluar su decisión en la posibilidad para mi crianza junto a mi hermano; a pesar de que según ella, me había comprado. Desconozco si llegó a recuperar su dinero; pero todos los referentes me indican que fue precisamente Lázara, la que me entregó a mis padres de crianza final; ya que su esposo Heberto Miranda, era el hermano del mecánico del auto de mi padre. Entonces, fue precisamente a través de esta vía que le llegó a mis padres la noticia de la existencia de una niña para una posible crianza en adopción.

Lázara había llegado a mi trabajo en un carro particular y alquilado, lo que a las pocas horas de nuestro encuentro decidí en plena conformidad, irme con mi pequeño hijo de 3 años a Güira de Melena, para conocer a mi hermano Jorge Luis.

Al llegar y tenerlo frente a mí, me impactó el parecido que teníamos; Sí, imagino que el mismo parecido que le había impactado a Abundio; nos abrazamos y también pude conocer a sus dos hijos y pareja por esos tiempos.

Fue bueno nuestro encuentro, no digo reencuentro, pues desde mi consciente no nos conocíamos y también allí, coincidí con el hermano mayor, Germán; Jorge Luis Fernández Pérez; el que al verme, su inseguridad lo acusaba con el texto:
—Tú no eres mi hermana!

No le di importancia a su mínimo pasaje; el que a los pocos minutos cambió de táctica y estrategia, como dice el poema de Mario Benedetti. Vale reconocer que su inseguridad en mi no aceptación y reconocimiento al verme, estaban dados, porque mi hermano German por ser el mayor, fue y es precisamente la persona más sufrida y afectada desde lo espiritual y participativo vivido; ya que había sido y es el testigo directo de todas las horrendas y complicadas historias de idas y vueltas de su familia y de los otros, que se integraron al show disfuncional. Germán no podía entender, ni era, ni es culpable de las decisiones de sus padres.

Al otro día, regresé a mi casa y la vida continuó en su bregar rutinario; el de la familia, el estudio y el trabajo; siempre esperando que llegara el momento oportuno para conocer a mis padres biológicos, lo que sólo fue posible cuatro meses después, en el consenso directo con mi hermano Jorge Luis, para que me acercara a la casa de éstos; a un pueblito periférico muy cercano a Güira de Melena, llamado El Gabriel.

2.- En la tarde del 21 de abril de 1980, me desmontaba de la moto de mi hermano Jorge Luis, a unos 15 metros de la casa de los que se aseguraba, eran mis padres biológicos. Me llegué hasta la puerta de la misma, la que se encontraba abierta y en esta ocasión, era yo, la APARECIDA.

Parada en su puerta durante unos segundos, se me acerca con mera curiosidad una señora bajita, acompañada de su sonrisa, y sí, era Angelina, mi madre biológica; a la que con tono seco, le reclamé de forma rápida y repetida.

—Por qué me regalaste?!!, Por qué me regalaste?!!!, Por qué me regalaste?!!!!...
A mi pregunta repetida, respondió siempre en negativo, al que le agregó, que ellos se encontraban hospitalizados. En el tono de su voz se le notaba nerviosa, algo temblorosa, pero se le sobresalía lo de contenta por la sonrisa entrecortada que le asistía por mi presencia.

«Tal vez heredé de ella la sonrisa!, justo la que me salvó muchas veces, al reírme de mi misma, y que a su vez, forma parte del título de este compendio de reclamos y denuncias».

Tomándome de la mano me invita a pasar a la sala y me siento en uno de las butacas de la misma. Ya con más calma, aprovecho la oportunidad en que nos encontrábamos solas para preguntarle cuál era mi nombre durante el tiempo que conviví con ellos; me dice: - Mirta, te llamabas Mirta- y continua…—Pero después te llamamos Milagros, porque cuando Bebo (mi padre biológico) te fue a buscar al hospital donde estuviste ingresada muy grave y te entregan envuelta sólo en un paño. La enfermera le preguntó si ya estabas inscripta, a lo que éste le responde que aún No y entonces ésta, se toma la iniciativa y le recomienda; - pues cámbiaselo por Milagros, porque de milagro se salvó!.  

A los pocos minutos entra un señor delgado acompañado de una bicicleta; éste no advierte mi presencia y de inmediato Angelina le dice señalando para mí:
—Bebo, no te has dado cuenta, quien está sentada en la sala?;…¡tu hija!.
Se acercó a mí y me saludó; del resto, no recuerdo nada más; lo que indica que no ocurrió nada meritorio para recordar o simplemente no me resultaba importante, pues no iba en busca del padre, sino de la madre; ésa, a la que nunca había conocido y contenida desde los afectos.

Después vinieron otros encuentros que me permitieron conocer el resto de la familia, mi hermana María y mis hermanos Ernesto, Alberto y Willian; todos menores que yo y éste último por esa fecha, contaba con sólo 11 años.

3.- Y llegamos a la última de las historias elegidas!. Acá se mezclan aparecidos, desaparecidos y secuestro; ¡lo mejor!, la visita conjunta al pueblo de El Gabriel, para un encuentro oportuno en la casa de mis padres biológicos; con la presencia en cuerpo y alma de mi único padre, Edgardo Victorino Rodríguez Hernández.
Nos encontrábamos en la sala los tres, más mi hermano Ernesto; el que permanecía callado, sólo como observador, pues por ser mucho menor, no nacido cuando ocurrieron los sucesos, desconocía todo, no había sido ni partícipe, ni testigo de nada.

Y de pronto, ocurrió así, cómo cuando se da comienzo a un acto u obra de teatro, donde los espectadores o participantes, hacen un silencio consternado; de repente me tomé la iniciativa de la palabra y dirigiéndome a Angelina, mi madre biológica, le repetí la misma pregunta; pero esta vez, los incluía a los dos:
—¡¡¿Por qué me regalaron?!!
Ambos negaron el acto y de inmediato, repetían que no era cierto y que en esos momentos se encontraban muy enfermos. Angelina sacaba un papel que testificaba de su parte mi inscripción de nacimiento, en mayo de 1961.

Serio problema que me ocasionó 16 años después, para la declaratoria de herederos de mis padres legales; de la aparecida y supuesta primera inscripción de nacimiento.

Al ver el certifico; me doy cuenta que había sido solicitado y expedido 11 días atrás,  después de mi visita o aparición en su casa el 21 de abril. Este documento legal a las claras, constituía una muestra acusadora por supuestos y deliberados actos de mi robo por desaparición, siendo niña, lo que implicaban directamente a mis padres de crianza; pero que dada la extrema ignorancia de los biológicos en términos legales, los hizo fallar y regresárseles como búmeran fallido por lo especulativo dada la cuantía de errores en la escritura.

Al plantearle mi reclamo con certeza, dado mi análisis inmediato del certifico expuesto; el que como adelanté, mostraba variados errores, ignorados para ellos, como por ejemplo:
—Existía error en el espacio del nombre de mi padre biológico; donde decía Florencio y es Lorenzo. Eran evidentes, la ignorancia o perversas intenciones; la que me atrevo a blasfemar, tal vez, instruidos por otros.

Recuerdo que quedaron perplejos y callados por mi análisis, donde expresé:
—Fabuloso!, tremenda noticia! Bravo!!; tengo un año de menos; no nací en el 58, sino en 1959. O sea, mi hermano Jorge Luis y yo tenemos la misma edad, con sólo 3 meses de diferencia.
—Según éste certifico me llamo Mariví Fernández Pérez; ¿cómo es posible?, si Mariví es la unión de María Virginia, que fue elegido por mi padre, por ser precisamente el nombre de su madrina;… ¡Error, ése no era mi nombre!, lo agregaron a la inscripción con toda intención para probar, lo improbable.
—La inscripción fue hecha el 29 de mayo de 1961, casi un año después del 24 de julio de 1960, cuando en esa fecha ya me encontraba con la familia de crianza; pues mis 2 añitos, me lo celebraron en su casa y bajo su cuidado responsable.
—Este certifico, fue expedido el 2 de mayo de 1980; 11 días después de ser la aparecida en su casa; lo que sugiere que la intención era justificar lo incierto.
Mi padre Edgardo se mantuvo callado durante mi análisis del certifico de inscripción de nacimiento expedido y presentado por Angelina, y que al terminar mi exposición, dijo:
—Como ven, esta niña ya es una profesional bien preparada la que no se le puede hacer ningún tipo de cuentos!
La estadía en la casa, duró poco tiempo, pues seguido a mi análisis y al conciso texto de mi padre, nos levantamos en total criterio de retirada.

De inmediato el señor Bebo; mi padre biológico, agrega con tono colérico:
—Que él le hacía llegar tomates y viandas a mis padres para mi alimentación; …y de pronto desde donde se encontraba sentado, le da un supuesto ataque con brincos y temblores repetidos, al que le siguió un salto en la silla donde se encontraba y después un aparente desmayo. Digo aparente, porque me dirigí a éste, para reconocer y evaluar desde mi conocimiento en primeros auxilios y criterio humanista, cuáles serían las posibles causas de los brincos, temblores, salto y desmayo.

Me acerqué, lo observé detenidamente buscando alguna distorsión psico-físico o referente visual explicativo; le toqué la cabeza, su cara y busqué su pulso rítmico; el que reaccionó de inmediato, con repetidos pestañeos. No había tal desmayo!, una persona que se desmaya no pestañea!, y sí, propio de una actuación para desprender lástima o para huida consciente del momento público y serio en que se encontraba.

Algo de miedo encubría; pues faltó agregar de su parte, el hecho del secuestro que me ocasionó, con sólo 2 años; encerrándome en una caseta de trenes por más de 12 horas, para que no fuera devuelta a mis padres de crianza. Pues increíblemente hasta ese momento, y lo considero muy positivo; mis padres acentuaban por un no distanciamiento completo a mis hermanos.

Fui encontrada por la policía del territorio en estado muy delicado, donde en todo ese tiempo de loco encierro, no había ingerido ningún alimento, sólo caramelos. A través de mi vida en determinados momentos muy privativos, he sentido o tenido percepciones de síntomas de claustrofobia; los que al conocer de este suceso se lo adjudico completamente, después de conocer ese hecho, como causa prominente o punto de partida, para tal secuela.

En el proceso de investigación y búsqueda, ya avanzado, pude confirmar con anécdotas que afloraban en conversaciones diferidas, que este hecho irresponsable, dio pauta definitiva para la concepción de una carta que fue enviada a la familia biológica «por mi madre de crianza, por concepción directa de su querida tía Nereida Machín» y vista por la tía Amelia Fernández; «hermana de mi padre biológico» que así nos lo confirmó!; donde en la misma, se comunicaba mi salida definitiva del país. Una muy buena mentira!, no era cierto!, no había salido del país; pero acababa de entrar en el grupo contrario de los cada día más encerrada con camino a un protagónico de supuesta DESAPARECIDA!.

No obstante, satisfecha por la posibilidad y mediano éxito del encuentro, había logrado tenerlos unos frente al otro!. Es una de las formas de entrevistas con opciones para corroborar o derrumbar mentiras. Como muy positivo, me dio acceso a nuevos textos y a mi primer certifico de inscripción de nacimiento desconocido.
Termino este espectacular Capítulo, con risa pertinente merecida!!, único, por lo controvertido de los acontecimientos, dígase, ¡para no creer!; sacando a la palestra lo insospechado. Soy dos personas a la vez; una de ellas no morirá nunca!, por lo que seré eterna!..jjajajajaajaja.


(1) Bebo (Lorenzo Fernández Triana; mi padre biológico); Diagnóstico psiquiátrico: Oligofrénico. Deficiencia mental.





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